Mercedes León García nace en Málaga. Realiza los estudios de Arte Dramático en la ESAD de su ciudad. (Escuela Superior de Arte Dramático) A partir de 1983 comienza su andadura como monitora de teatro en diferentes colegios de la capital malagueña y un año después funda la compañía Brea Teatro, de la que también es directora. Además, participa en diferentes proyectos educativos como el que realiza para el Teatro Cervantes de Málaga durante cinco años, dirigidos a estudiantes de Enseñanza Media.

También imparte clases de interpretación en la Escuela de Radio y Televisión de Málaga durante un año. Destaca su labor como autora de textos teatrales, tales como: “Cinco cubiertos, Toque de queda, La noche no duerme (que conforman una trilogía del miedo en clave de humor negro), El sabor de la yuca, El perfil izquierdo de Ricardo, El regalo, El desacato, Al pasar la barca, La maldición de Fedra, ¡En qué momento!, Mi encantador sótano, La mirada de la Otra, A sangre, El tiro por la culata, Tres deseos, El escondrijo…

Además de sus obras- publicadas casi todas-ha realizado algunas adaptaciones de títulos como: Fedra, Mañana aquí a la misma hora o En el corredor (obra breve original de Mercedes León basada en un capítulo de La Pena de Muerte de Daniel Sueiro).

También ha realizado distintas dramaturgias: Antología del Teatro Español para el proyecto educativo del Teatro Cervantes de Málaga. El circo de las moscas y De Locura para la compañía El Espejo Negro. De hienas y perros o el eco de los caníbales de P. Bernal para Factoría Echegaray.

Asimismo, ha colaborado como ayudante de dirección con el director Francisco Suárez en el montaje Los siete contra Tebas. En el espacio escénico, ha participado como actriz en su propia compañía Brea Teatro y en otras Compañías.

En el medio audiovisual (cortos, series tv. películas) también ha trabajado como actriz en: La isla mínima, Las pesadillas de Alberto Soto, Maniac tales, Zona verde, El secreto de Puente viejo, Perdóname Señor, Víctor Ros, Sé quién eres, La Veneno, Honor, Hasta el cielo, La caza Guadiana, Los herederos de la tierra, La pérdida, Los pasajeros del tiempo, Yamal, Leica story, Acto reflejo, Tomás, Gigantes, En el cielo, Marbella2, 16 plantas /1 ascensor.

Ha ejercido como directora de actores en algunos cortometrajes. Ha impartido clases de dicción, dramaturgia e interpretación en la Escuela Superior de Artes Escénicas de Málaga (ESAEM).

Ha obtenido diversos reconocimientos como el Diploma de Honor que le otorga la Escuela Superior de Arte Dramático por su trayectoria profesional en el 2004. La Medalla de oro del Ateneo de Málaga en el 2006, por su dedicación y divulgación al teatro, así como por su trayectoria teatral.Premio Cánovas mejor Dirección: La noche no duerme. Premio Ateneo Mejor Dirección y Premio José María Rodero dentro del Certamen directoras de Escena por: De hienas y perros o el eco de los caníbales de P. Bernal. Reconocimiento Profesional en el II congreso de Artes Escénicas de Málaga como Dramaturga. Primer Premio en el Fabriano Film Festival de Italia como mejor actriz en Acto Reflejo.Nominación a los Goya y Premio de la Unión de Actores y Actrices como mejor actriz de reparto por La Isla Mínima.Ganadora del V Torneo de Dramaturgia Andaluza

Naces en Málaga y te formas en la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga. ¿Cómo recuerdas ese primer contacto con el teatro y qué impulsos marcaron tu decisión de dedicarte a la escena?

    Desde siempre me fascinó el mundo del arte en sí, sobre todo el cine y la interpretación. Un día, estando en la cola para matricularme en Bellas Artes, oí como una chica saludaba a una amiga y ésta le decía que acababa de sacarle la matricula a su hermana para la Escuela de Arte Dramático. Me dio un vuelco el estómago. Desconocía que hubiera una Escuela de teatro en mi ciudad. Le pregunté que donde estaba esa escuela y me dijo que muy cerca, a la vuelta de la esquina. Sin dudarlo abandoné la cola después de horas de espera y me dirigí hacia allí, para mi desgracia era el último día para matricularse. Fue una locura reunir la documentación necesaria, ir al banco, papeleo… pero al fin, y al borde de un infarto, logré recabar todo lo necesario con el tiempo justito antes de que cerraran la ventanilla. Y pude entrar en la Escuela.

    Muy joven fundas tu propia compañía, Brea Teatro. ¿Qué necesidad —artística o vital— te llevó a crear tu propio espacio de producción?

      Unos compañeros con ideas e ilusiones afines, nos reuníamos para hacer cosas, y al terminar la carrera, empezamos a ensayar una obra que yo estaba escribiendo. De siempre me atrapó la escritura, la dramaturgia y la dirección escénica. Así que casi sin darnos cuenta fuimos creando una compañía con un sello propio que más tarde se profesionalizó y anduvo un camino de casi veinte años. Luego, el tiempo nos fue separando y llevando por distintos derroteros. Pero teníamos muy claro que queríamos e íbamos a poner en Escena aquello que nos gustara, aquello que nos hiciera disfrutar, en definitiva, aquello que nos diera la gana, evitando en lo posible vendernos al mejor postor.

      ¿Cómo ha evolucionado tu idea de compañía teatral desde aquellos primeros años hasta hoy?

        Mi idea en sí ha evolucionado poco respecto a lo que entiendo por Compañía teatral: un grupo de personas persiguiendo sueños y sorteando realidades a veces arduas. Un grupo de personas disfrutando del proceso para poder disfrutar del resultado.

        Has desarrollado una intensa labor pedagógica en colegios y proyectos educativos vinculados al Teatro Cervantes de Málaga. ¿Qué lugar ocupa la educación en tu concepción del teatro?

          En mi concepción del teatro, la educación, ocupa un lugar destacado, lo malo y triste es que no lo ocupe en la sociedad, ni en los centros educativos y de enseñanza. Se le sigue teniendo como un hobby, una complementaria, un pasatiempo. La educación, la cultura y el teatro conforman un todo indivisible. Afortunadamente hoy, se va tomando conciencia de ello, y, cada vez más.

          ¿Qué puede aportar hoy el teatro a los jóvenes en un contexto dominado por lo audiovisual?

            Esta pregunta me resulta difícil de responder y a la vez fácil. Difícil porque ha entrado en nuestro día a día un “monstruo” con muchas cabezas que se ha instalado a empujones y sin miramiento en las nuestras, ocupando casi todo nuestro espacio. Nos elige, sin opción al rechazo. Lo grandioso del teatro es que no te elige él, eres tú el que debe elegirlo y cuando eso ocurre…ufff …Todo empieza a ser distinto y más valorado: el silencio, las pausas, las emociones. Y, sobre todo, la escucha. Hoy, nos invade el ruido a todos, por eso los jóvenes encuentran y descubren en el teatro algo totalmente distinto a lo que acaece en su día a día: prisas, ansiedad, pantallas, individualidad. El teatro les aporta, además, la certeza de lo vivo, lo directo, lo compartido aquí y ahora.

            Desde tu experiencia docente, ¿qué carencias detectas en la formación actoral contemporánea?

              Una falta de conocimientos básicos adquiridos con anterioridad. Es decir, a veces, hay que empezar desde cero a ofrecerles herramientas que se supone que deberían conocer y saber cómo usarlas, Pero como no es así casi nunca, nos encontramos con un vacío que hay que ir llenando poco a poco cuando optan por formarse como actores. De ahí la importancia de una buena y constante labor pedagógica en la educación respecto al teatro desde pequeños.

              ¿Se puede enseñar el teatro o, más bien, se acompaña un proceso de descubrimiento?

                Poe supuesto que se puede enseñar el teatro, y también acompañar en el proceso de descubrimiento. Otra cosa muy distinta es tener la capacidad de aprender lo que se enseña. Creo sinceramente que no siempre servimos para dedicarnos a aquello que nos gusta. No todos podemos hacer de todo.

                Tu trabajo como autora convive con la adaptación de textos como Fedra. ¿Qué te interesa de los clásicos cuando decides intervenir sobre ellos?

                  Me fascina esa capacidad de los clásicos de elevar al plano de lo universal, lo cotidiano, lo individual, lo emocional. Me interesa descubrir cómo temas, emociones, deseos… que hoy en día pueden ser de rabiosa actualidad, aparecen y están recogidos en escritos de hace siglos.

                  En piezas como En el corredor, dialogas con materiales previos como La pena de muerte de Daniel Sueiro. ¿Cómo se articula ese proceso de reescritura?

                    La lectura de ese libro me impactó sobremanera. Tanto, que me llevó a escribir la primera de mis obras de teatro, de teatro breve. Más tarde, Incluí esa escena en una obra teatral más extensa titulada “Al pasar la barca”. El proceso de escritura es muy similar al que tengo con otros materiales previos, solo que aquí el material me venía de la lectura de un libro que me impactó bastante. Y que quizás de no haberlo leído, nunca hubiera acometido ese tema a pesar de estar en contra de la pena de muerte

                    ¿Qué tensiones aparecen entre la fidelidad al texto original y la necesidad de una mirada contemporánea?

                      Casi nunca acometo un texto desde la tensión porque si eso me ocurre es porque ese texto se ha quedado anclado en el tiempo y no hay contemporaneidad posible que lo salve. Otra cosa muy diferente es que se haga una dramaturgia sobre ese texto, que lo “refresque” invirtiendo el orden de algunas intervenciones, obviando pequeñas partes, resaltando tu mirada y visión de éste. Siempre he defendido que una obra de teatro se termina de escribir en el escenario.

                      ¿Cómo definirías tu voz como dramaturga? ¿Qué temas o conflictos aparecen de forma recurrente en tu escritura?

                        Mi voz como dramaturga ha sido la misma casi siempre. Lo que sí ha ido cambiando a lo largo del tiempo han sido los registros, la forma de acometer los textos, el estilo, la manera de estructurarlos… pero la voz, la mirada y la escucha, han estado siempre acompañadas del mismo hilo conductor, el humor negro. Elegí una voz crítica bañada de humor y a la vez llena de interrogantes. Los temas o conflictos que aparecen casi siempre en mi escritura han ido cambiando a lo largo de tantos años dedicada a ello. Pero quizás, lo que más me ha apasionado siempre o, mejor dicho, con lo que empecé, es con el humor negro. De hecho, mis primeras obras pertenecen a una trilogía acerca del miedo, y la conforman: “Cinco cubiertos, Toque de queda y La noche no duerme”, y el hilo conductor curiosamente de las tres obras es “el poder y el miedo que provoca ese poder”. Cuando abarqué esta temática, el cuerpo me pedía continuar escribiendo sobre ella, de ahí surge precisamente la trilogía. En “cinco cubiertos”, por ejemplo, el poder y el miedo se establecen en una familia jerarquizada.

                        En “toque de queda”, en una pareja, y en el miedo al poder establecido, al poder que viene de fuera y que ellos no controlan, a perder lo que se tiene, aunque ya no se tenga nada. Y en “la noche no duerme”, precisamente surge el miedo al otro, a descubrir que convives con una persona a la cual ya solo te une el inexorable miedo a uno mismo.

                        Has trabajado como actriz, y directora de actores y autora en distintos formatos, desde la escena hasta la televisión. ¿Cómo dialogan estos lenguajes en tu práctica artística?

                          Sí, realmente he tocado o acaparado bastantes campos dentro de lo que es el arte dramático. Y bueno, creo que dialogan perfectamente, con muchísimo respeto entre ellos, y, separándolos totalmente. Es decir, cuando trabajo como directora, pues tengo un plan de trabajo estructurado de lo que voy a hacer de ese proceso que quiero llevar a escena. Doy unas pautas y una línea a seguir que, por supuesto los actores respetan, aunque siempre estoy abierta a aquello que me propongan, a algún cambio, siempre que no me aparte de la mirada que quiero desarrollar. Como actriz, pues invierto el orden, soy una pieza del hecho teatral, sé que muy importante, quizás la más importante. Para mí, el actor es la base del teatro, porque siempre he dicho, que el autor, puede estar muerto, pertenecer a siglos pasados, y que al director ese día le puede dar fiebre, una apendicitis, o incluso tener un accidente que le impida acudir al teatro. Nada de eso es motivo para no poder levantar el telón de un escenario. El único imprescindible es el actor. Sin él, no hay teatro, al menos, representación posible. Respecto a la autoría teatral, bueno, a veces la misma obra que yo he escrito la he dirigido, entonces no tengo ningún problema ni tengo que hablar con nadie sino conmigo misma; es decir, yo, a veces desarrollo en el texto una escena que luego al llevarla a la práctica me doy cuenta de que está mal planteada, o que no impacta de la manera que yo pensaba. Por suerte, cuando escribo “no estoy sola”, siempre me acompañan a cada lado, “mi yo Actriz y mi yo directora”. Discutimos, comparamos, aconsejamos, leemos lo escrito en voz alta… y al final, me facilitan el trabajo. Somos tres en una.

                          ¿Qué diferencias fundamentales encuentras entre el trabajo actoral en teatro y en audiovisual?

                            Yo empecé en el Teatro, y pensaba que había una diferencia muy grande por ejemplo con el cine o la televisión, la diferencia que encuentro es que el registro es distinto, un actor tiene que ser bueno y llegar a la gente tanto en el teatro como en el cine o la televisión. Aunque es cierto que la técnica es distinta, a cada uno hay dotarlo de lo suyo, porque cada medio tiene sus propias reglas y si te las sabes y aprendes a distinguirlas serás un buen actor en ambos campos. En el teatro casi no existe la perspectiva, la lejanía física actor-público es evidente, a partir de unos pocos metros apenas se pueden apreciar los gestos del actor. La voz se tiene que proyectar… sin embargo, en el cine tenemos una perspectiva detallada de lo pequeño y lo lejano, los primeros planos captan el más mínimo gesto y mueca del actor, y se escucha el más leve susurro que emita el personaje. El ojo de la cámara lo capta todo, mientras que el ojo del público no. Sin embargo, no se puede superar lo que se da en el teatro, algo tan sencillo y mágico como compartir la misma respiración entre público y actor.

                            En tu experiencia, ¿qué significa hoy “dirigir actores”?

                              Dirigir a los actores yo creo que es una de las experiencias más maravillosa, más empática y clarificadora que he tenido a lo largo de mi trayectoria. Aprendes muchísimo de ella. Trabajar con material humano, sensible y creador te enriquece y es uno de los mayores regalos de esta profesión.

                              Muchas de tus dramaturgias se han desarrollado en contextos pedagógicos o institucionales. ¿Cómo se negocia la libertad creativa dentro de estos marcos?

                                La libertad creativa, sinceramente, creo que no se puede negociar. En el momento en que el negocio entra en juego, deja de ser creativa y pasa a ser otra cosa. Por supuesto que se puede dar un tira y afloja, ceder en ciertas cosas, e incluso aceptarlas. Pero jamás, llegar a perder la identidad como creador ni traicionar tu mirada por otra que te impongan. Sin embargo, a veces, suelo aceptar encargos- siempre que me seduzca y atraiga la temática- a mí los encargos me hacen crecer y aprendo mucho de ellos porque me hacen adentrarme en temáticas que de otra manera nunca quizás hubiera acometido.

                                ¿Sigue siendo el teatro un espacio de resistencia o ha sido absorbido por las lógicas culturales dominantes?

                                  Yo creo que sí, que el teatro sigue siendo un espacio de resistencia y que sigue en pie. Siempre he oído que el teatro está agonizante, en crisis, pero es una de las artes más ancestrales y antiguas y tiene las defensas muy altas, tanto, que pervive al tiempo y en él. Existe desde el siglo VI antes de Cristo, servía como un reproductor de la sociedad, lo envuelve lo sagrado y lo pagano, lo real y lo ficticio, lo trágico y lo cómico y no creo que vaya a desaparecer nunca un arte que es capaz de acaparar y acoger dentro de sí a todas las demás artes, es decir, en un espectáculo teatral pueden convivir en total armonía la música, la arquitectura, la pintura, la danza, el mimo… puede abarcarlo todo y todas las artes pueden converger en él.

                                  Has recibido reconocimientos como la Medalla de Oro del Ateneo de Málaga. ¿Cómo dialoga el reconocimiento institucional con la práctica cotidiana del teatro?

                                    Afortunadamente en mi ciudad he recibido más de un reconocimiento por la trayectoria y por mi dedicación al teatro, y la verdad, pues no sé, a nadie le amarga un dulce. A mí no me ha sacado de pobre ningún reconocimiento, ni creo que a nadie. Y está bien que sea así. Los reconocimientos son como abrazos que te da la gente sin necesidad de tocarte. Es alentador y hermoso que de vez en cuando alguien repare en tu trabajo y lo valore. La autoestima crece y te da confianza.

                                    ¿Qué balance haces de tu recorrido artístico hasta ahora? ¿Hay algo que sientas pendiente?

                                      El balance de mi recorrido artístico es satisfactorio, por la sencilla razón de que me he dedicado a lo que quería y no he tenido corta pisa ninguna para hacerlo. Es lo que siempre he perseguido, no me veía haciendo otra cosa distinta. Aunque esta es una profesión que a veces ha estado muy denostada y se pasa bastante mal, porque las instituciones no siempre aportan ni hacen lo que deberían, y aunque el balance en lo personal es bueno, en lo profesional se tendría que evitar esta constante desazón e inseguridad que lo acompaña siempre.

                                      Si tuvieras que transmitir una idea esencial sobre el teatro a las nuevas generaciones, ¿cuál sería?

                                        Pues que se acercaran al teatro, al mundo del teatro. Que lo conocieran más de cerca, que profundizaran en él; porque el teatro, no solo es subirse a un escenario y soltar un texto, ni escribirlo, ni dirigirlo… el teatro, mientras te dedicas a él, en ese proceso de conocimiento y de entrenamiento, te va dando muchísimas herramientas que te van a servir para muchas cosas, y que te van a abrir los ojos evitando que te pierdas algo muy hermoso.

                                        ¿Qué preguntas debería hacerse hoy el teatro que aún no se está planteando?

                                          Eso habría que preguntárselo a él. Igual nos sorprende sus respuestas.